Incomunicados en el múltiple uso del tiempo

Reflexionando en el bondi...

7:45 de una mañana de mayo en el Gran Buenos Aires. El sol inaugura el día, los colectivos comienzan a llenarse: uniformes de colegio grises y azules, guardapolvos blancos, mamelucos, jean, traje, corbata, y ropa deportiva se mezclan sin distinción.
Invadiendo cada recoveco todos aprovechan el espacio para hacer algo mas; como si viajar fuera algo que no puede ocupar el tiempo, o que quita el lugar a otras actividades: el tiempo de viaje es un tiempo doblemente usado. Están los que recuperan horas de sueño, durmiendo como si el asiento fuera un apéndice de su cama, cabeceando interminablemente pareciera que se les va a salir la cabeza o quedando boquiabiertos como petrificados.
Entre los que están despiertos hay tanta variedad como monotonía. Sin miedo a equivocarse se puede decir que más del 50% - seguramente mucho mas- tiene celular, del más viejo al más chico la mayoría cuenta con un número telefónico propio, desde el que pocas veces se realizan, paradójicamente, llamadas telefónicas. Con estos teléfonos se saca fotos, se juega, se envía mensajes. En la “era de las comunicaciones”, los mensajes o “msj”, son más escuetos que un telegrama y que se podría discutir si trasmiten información o solo mantienen abierto el canal de comunicación:

-Hola como tas :)
-Toy bien vos
-Ok, t k m
-yo tmb
La tecnología se asoma también de las carteras bolsos y mochilas, de las que salen los cables que conectan al otro 50% -que no duerme- con su mundo musical de MP3, MP4 o el programa de radio que entre chistes y actualidad los introduce en el nuevo día.
¿Y los libros, los diarios, los apuntes? ¿Nadie lee por la mañana en este doble aprovechar el tiempo? Son pocos, sí, pero algunos leen, de hecho leen mientras escuchan música y paran un instante para contestar un mensaje en el celular, todo esto mientras no se queden dormidos.
Porque el tiempo “vale oro” dicen, y por eso mientras se viaja por la mañana y se continua el ritual por la tarde cada uno hace todo esto a la vez, o la mitad de estas cosas con lo que finalmente se llega al final del viaje, habiendo hecho de todo pero sin poder hacer nada más que viajar.

Por Virginia Solari

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