El desafío de hacer una entrevista

por Virginia G. Solari


Año 1997... Argentina es anfitriona del Foro regional de Jóvenes de América Latina y el Caribe y tengo la posibilidad de participar como representante de la Fundación Naturaleza Viva y la Junta Vecinal Ayacucho: el objetivo, presentar un proyecto de reforestación en zonas urbanas.
Por ese entonces tenía solo dieciséis años y comenzaba mis ensayos de periodista escribiendo en una revista barrial de Lanús ("Nuestras Cartas"), en la sección de Ecología.

Era un gran desafío, sabía en general sobre que debía escribir: “ecología”, había leído bastante al respecto y participado de diferentes actividades como la citada, pero ¿Qué escribir?, ¿De qué manera escribirlo? ¿Por dónde empezar?

Como adolescente tenía, y afortunadamente conservo, un entusiasmo idealista por intervenir en el mundo, por ejemplo comunicando algo. Sin embargo, aún no contaba con tantas ideas propias para desarrollarlas en el papel y copiar notas de otro, aunque citara las fuentes, me parecía mediocre.

La entrevista fue una gran herramienta, tomaba el grabador y dejaba que los otros cuenten algo sobre el tema que quería publicar. Hoy, con algo de material sobre el escritorio veo que no había empezado tan mal: la entrevista -según Eduardo Ulibarri[i]- es un método clásico y más allá de que los estudios sobre el tema no son abundantes una gran cantidad de la información contenida en cualquier diario está basada en alguna forma de entrevista.

Superando la frecuencia con la que se utiliza el método, la falta de experiencia puede hacernos mal aprovechar la riqueza de la conversación con quien tenemos en frente.
Como entrevistadores debemos construir el dialogo y de hecho lo hacemos pero ¿Cómo?, ¿Cuál es la forma más efectiva?

Sumando la experiencia de escritores, periodistas y artistas como Maria Ester Gilio, Eduardo Ulibarri, Leonor Arfuch y Douglas Coupland entre otros, pude ir respondiendo estos interrogantes y armando los consejos que hubiera precisado al dar los primeros pasos en este campo.

Una vez decidido o asignado el tema y/o la persona a entrevistar hay que investigar, en eso el periodista – citando nuevamente a Ulibarri – tiene muchos puntos en común con científicos y otros investigadores, pero pocos escritores y menos aún los periodistas disponen hoy de mucho tiempo para hacerlo. Sin embargo, una cosa resulta indudable – dice – no es posible confeccionar trabajos de relevancia, efecto e interés si no están afincados en cierta tarea investigativa.
Recuerdo que en una oportunidad fui a cubrir un encuentro sobre Gestión Ambiental en la Industria y Residuos Industriales y, sin mucha idea sobre el tema, me acerque a entrevistar al referente de una empresa de incineración de residuos peligros, evidentemente las preguntas que le hice fueron tan básica que el Sr. después de responder rápidamente, me dio un folleto y me dijo, acá podes encontrar la respuesta a tus preguntas.

Ahora, releo las palabras de Maria Ester Gilio[ii], como si las hubiera escrito para mí:

“…preparo mucho las entrevistas. Mucha gente me dice asombrada: pero ¿cómo
sabías? Yo no sé. Investigo. Siempre digo que el periodismo tiene la superficie
del océano y la profundidad del charco. Entonces, si voy a entrevistar a alguien
que escribió sobre la división de la célula, trato de saber todo sobre eso…”

Estar preparados, definitivamente nos ayuda a ganar confianza y tener una hoja de ruta mental sobre cómo orientar la entrevista y que preguntar. Pero la realización de la entrevista supone todo un arte en el manejo del dialogo, algo tan cotidiano como complejo a la vez. Leonor Arfuch, en la introducción de su libro: La entrevista, una invención dialógica[iii], hace referencia a los Diálogos de Platón, en los que Sócrates encontraba, en el camino de la conversación, la posibilidad de acceso al conocimiento. La entrevista – dice Arfuch – hereda algo de esto, aproximándonos a una gama muy amplia de personajes, temáticas y situaciones.

El escritor Douglas Coupland, en una nota escrita en abril de 2006 para la revista Ñ[iv], habla desde su propia experiencia de entrevistado y ve esta situación como algo artificial, generada principalmente por la mediación del grabador. Más allá de esto, reconoce que es una oportunidad para que los lectores se conecten más con el entrevistado y su producción.

Coupland, comenta también, que hoy toda la información que se necesita ya está en el Google y que no es necesario como antes hacer un verdadero trabajo de investigación, pues el buscador ayuda a crear la ilusión de una verdadera investigación periodística. Coupland se pregunta tambien si la entrevista ha muerto, pues ya no se puede esperar de ella algún tipo de conocimiento, más allá de algo entretenido o tal vez nada.

Ayer los investigadores y los periodistas se movían en selvas de libros y papel, hoy transitamos selvas digitales, en las que también debemos valernos de hojas de ruta que nos permitan elegir el camino correcto. En internet hay mucha información y muy buena, pero también la hay errónea, el buen investigador ya sea que busque en soportes físicos o digitales no debe nunca dejar de verificar las fuentes de donde obtiene la información.

Ulibarri y Gilio nos resaltan la importancia de la investigación previa, Coupland también, pero dice que con la era digital ya no podemos esperar que del proceso de la entrevista surja algún conocimiento. Leonor Arfuch, que aún no hablaba de investigar con Google, aclara sobre los usos de la entrevista, que “…no siempre apuntan a incrementar nuestro conocimiento de los «hechos» sino, muy frecuentemente a relacionar dos universos existenciales, lo público y lo privado…”

El escritor Manuel Puig[v] dice que en sus novelas le gusta “mostrar la complejidad de la vida cotidiana, el subtexto de las tensiones sociales y las tensiones que subyacen a cada uno de nuestros pequeños actos” y en cierto modo en la realización, tanto como en el resultado de una entrevista hay mucho de eso, un excelente ejemplo es el dialogo que desarrolla Truman Capote con Marilyn Monroe en “Una adorable criatura”[vi], podemos encontrar en internet mucha información sobre quien fue Marilyn Monroe, pero solo en el texto de Capote se hace público de manera particular ese fragmento de su vida privada el 28 de abril de 1955 en el velatorio de Constance Collier.

Año 2008... hace más de diez años que tome por primera vez el grabador para realizar mi primera entrevista, en el camino hay muchas historias, una larga carrera, y mil y un proyectos en marcha.

Muchas veces me encuentro buscando un manual para cada cosa, y me gustaría tener uno sobre ¿Cuál es la manera más efectiva de hacer una entrevista? Me respondo a mi misma: entrevistar es un arte en el que se puede aprender la técnica pero el camino es propio: Podría haberle preguntado a Picasso como pinto el Guernica, pero jamás voy poder pintarlo como él, lo que no quita que uno pueda llegar a ser, de todas formas, un gran artista.

[i] Ulibarri, Eduardo, Idea y vida del reportaje, México D.F.,Trillas, 1994.
[ii] Moreno, María, “El oído absoluto” (entrevista a María Esther Gilio), Suplemento Radar, Página 12, 18/1/04.,
[iii] Arfuch, Leonor, La entrevista, una invención dialógica, Bs.As., Paidós, 1995.
[iv] Coupland, Douglas, “Amamos tanto a Morrisey”, en revista Ñ, 29/4/06.
[v] AA.VV., Entrevistas a Manuel Puig en Confesiones de escritores, El Ateneo, Buenos Aires, 1996.
[vi] Capote, Truman “Una adorable criatura”, en Anagrama, Barcelona, 1995.

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